Hoy he visto a un niño a quien
le gusta jugar cincos, le encantan los colores y especialmente aquellos
que parecen tener un arcoíris por dentro. Le gusta jugar futbol con una
pelota de plástico, aunque no tiene dotes de gran jugador, disfruta el
poder correr y jugar, especialmente cuando juega con su hermano y su
padre.
Veo
a ese niño de alrededor de 5 años detrás de su mamá mientras ella
conversa con otra señora que se ha encontrado en la ciudad. La señora le
pregunta “mi’jo ¿Por qué no me saludas?, Yo soy tía de tu mamá, así que también soy tu tía”, y me río al escuchar que el niño le responde “es que a usted no la conozco y no me la han presentado como para que yo la salude…”
La mamá haciendo gala de cortesía le dice “ella es mi tía y también es tu tía, te la presento”, a lo cual el niño dice “¡ahora si la conozco! Hola, ¿Cómo está?” pero no le dice tía.
Nunca
estudió lo que llamamos kínder y preprimaria o párvulos, pero ha
aprendido los números jugando al póker con su padre, quien se goza de
ver al niño colocando las cartas sobre la mesa donde todos pueden verlas
porque no puede sostenerlas con las manos.
Que
juega con los zapatos de su padre como casas para sus soldados de
juguete imaginando un campamento. Coloca una silla en suelo con las
patas hacia el frente y sentado en la parte donde se coloca la espalda y
juega a que va en una nave espacial y las patas de la silla son los
cañones de sus armas.
Lo
he visto jugar con su perro, corriendo y gritando por toda la casa como
loco, o mejor dicho, como todo un niño. Es un niño travieso, de sonrisa
amplia, con sueños e ilusiones preguntándose si al crecer será doctor,
ingeniero o general.
Hoy
ese niño me ha visitado, ha venido a verme, a preguntarme si lo
recuerdo y cuando lo visitaré nuevamente. Ha venido a decirme que no lo
olvide. Hace mucho tiempo que no lo veía por aquí, sin embargo he
disfrutado de su visita y le he prometido visitarlo más a menudo para
volver a ver todo lo que hace y dice. A reírme de sus ocurrencias,
travesuras y aventuras.
Quizás
sea por las fechas en que estamos ahora o por el momento que estoy
viviendo. Pero ahora que recién he cumplido 42 años y acabo de contraer
matrimonio, me he visto nuevamente cuando como cuando era un niño de
menos de 5 años.
Hoy
puedo decir que sin importar lo vivido hasta ahora, cada paso que he
dado y las decisiones hechas han valido totalmente la pena para llegar a
este día.
¡Gracias Dios por estar conmigo en este viaje!