¿Estás 24? Cuando nuestra realidad necesita traducción

Hoy quiero hablarles de algo importante: cada uno tiene su propia realidad.

¿A qué me refiero con esto? Muchas personas dicen que los ingenieros no hablan como gente normal, que usan un lenguaje muy raro y técnico que nadie entiende cuando explican algo de tecnología, una aplicación o un programa. Mi esposa también suele quejarse de eso.

Me puse a pensar si esto es cierto, y la verdad es que aplica a casi cualquier área:

  • Los médicos hablan su propio idioma técnico según lo que han estudiado.
  • Los maestros de idiomas a veces explican desde la lingüística teórica (gramática cognitiva, descriptiva, pretéritos).
  • Hace un tiempo asistí a un estudio bíblico donde un líder explicaba todo en términos muy elevados (“hermenéutica bíblica” y conceptos que nadie usa en la vida diaria).

Muchas personas explican las cosas desde su propio conocimiento y punto de vista, lo cual no está mal, pero a veces olvidamos que los demás no han estudiado ni vivido lo mismo. Me pasa con mi esposa:

  1. Historia: cuando le hablo de historia de Occidente, no la conoce tanto porque en Taiwán estudian principalmente la historia de Asia y de China.
  2. Música: si le hablo con entusiasmo de los cantantes y canciones que escuchaba de joven, no está familiarizada con ellos; la diferencia de continentes y de generaciones influye bastante.

Todos hablamos desde nuestra propia realidad. Creemos que los demás entienden todo porque para nosotros es conocimiento básico y cotidiano, pero la realidad es que debemos aterrizar lo que sabemos para explicarlo de forma sencilla.

Hace un tiempo me pasó algo interesante. Estaba con mi esposa en un curso para emprendedores hispanohablantes. El instructor comentó que al emprender o crear una marca personal muchas veces hay que actuar por fe: tener fe en el proyecto, en la gente, en el producto. Luego preguntó al grupo: “¿Para ustedes qué es la fe?”.

Muchos dieron respuestas como “creer en lo que sé” o “confiar en mi equipo”. Cuando me tocó a mí, como crecí en una familia cristiana, cité Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Para mí era algo básico que todo el mundo sabía en Guatemala, pero me asombró que nadie en el grupo lo reconociera, siendo todos hispanohablantes criados en Occidente. El instructor se quedó sorprendido y dijo que era una excelente definición. Al final de la clase, un compañero me escribió al chat preguntándome asombrado cómo me sabía eso de memoria.

Ahí entendí que mi conocimiento general no es el mismo que el de los demás. Lo que para uno es normal y básico, para otra persona no tiene por qué serlo: cada quien tiene una experiencia, una educación y un entorno distintos.

Por ejemplo, en la empresa donde trabajé 15 años en Guatemala teníamos códigos propios dentro de nuestro departamento. Para decir que todo estaba bien, decíamos: “Estoy 24”, porque en los reportes de trabajo el código 24 significaba “sin novedades”. Entre nosotros era común decir “¿Estás 24? Sí, estamos 24”, pero fuera de ese grupo nadie lo entendería.

No esperes que todos entiendan lo que dices o que tengan tu mismo conocimiento. Como maestros, líderes o en pareja, debemos aprender a comunicarnos bajando el nivel técnico:

  • No se trata de demostrar cuánto sabes, sino de transmitir un mensaje.
  • Si eres maestro, explica la gramática adaptándote al nivel del estudiante (no uses vocabulario de nivel C para enseñar a alguien de nivel A).
  • Si hablas de computación con alguien que no domina el tema, adapta el lenguaje, tal como pedirías que te expliquen temas de electrónica “como a un niño de ocho años”.

Empecemos a explicar las cosas de forma sencilla. Verás que tu mensaje llegará mucho mejor, ya sea a tus estudiantes o a tu equipo de trabajo.

Aprendamos a comunicarnos de forma clara y obtendremos mejores resultados.

Yo soy Fernando.

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