¿Usas la inteligencia artificial o ella te está usando a ti?

Esta vez me quiero dirigir a mis compañeros, colegas, maestros y, ¿por qué no?, también emprendedores o líderes: personas que trabajamos hablando con la gente o preparando algún producto o material. Vamos a hablar un poco acerca de la inteligencia artificial.

Mucho se ha dicho al respecto: se dice que nos va a quitar el trabajo, que es un riesgo. Otras personas dicen que es solo una herramienta, que no te preocupes y que la tienes que utilizar. Y todavía hoy hay mucha gente que no tiene la más mínima idea de qué es la IA. La mayoría que la usa, seamos honestos, la hemos utilizado simplemente como preguntarle algo a Google: “¿Qué es esto?”, nos da la información, y eso es lo más lejos que hemos llegado. Otros vamos un paso más allá y empezamos a mantener conversaciones, planificar material o preparar contenidos.

Todo esto está bien, pero quiero hablar de algo que puede pasar cuando estamos preparando una clase, un producto o cualquier material, y de cómo la IA puede llegar a afectarnos.

La usamos como herramienta: perfecto. Preparamos el material: perfecto. Pero en un momento dado queremos mejorar la calidad de nuestra presentación, de nuestras diapositivas o slides. Le decimos a la inteligencia artificial (sea cual sea la que uses, no voy a hacer propaganda de ninguna; me parece que todas están en muy buena posición y trabajan muy bien): “Quiero que me prepares una presentación sobre este tema”, y te la da. Le dices: “La quiero modificar; está muy bonita, pero la quiero en formato 4:3 en vez de 16:9”, y te la vuelve a diseñar. Le pides un tono pastel, o más azul, rojo o verde, o algo relacionado con el logotipo de tu empresa, y lo hace. Lo va mejorando cada vez. Hasta aquí, todo perfecto.

El problema viene cuando decimos: “Ya me gusta, esto está bien, ya no necesita mejoras”. No pasa nada. Pero después, cuando generamos más producto, dejamos de pedirle ajustes: “Ya lo está haciendo bien, lo hace mejor de lo que esperaba, ¿para qué le voy a dar más instrucciones?”. Empezamos a dejarle todo a la IA para que nos produzca videos, ideas para redes sociales, presentaciones e incluso libros, mientras nosotros solo decimos: “Me lo hace bien, yo ya no hago nada”.

Ahí es donde surge el problema: cuando caemos en el conformismo de dejar totalmente de pensar o de aportar observaciones. Entonces todo lo que digamos ya no serán nuestras palabras; será lo que la inteligencia artificial nos dijo.

Mira cómo se da vuelta la moneda:

  • Antes, yo utilizaba la IA para crear material a mi gusto y estilo; le hacía cambios y hacía que trabajara para mí. La inteligencia ponía mis palabras en la presentación, en el video o en el post. Era mi personalidad, era mi persona, era Fernando hablando.
  • Ahora, como lo hace demasiado bien, solo le pido que genere el contenido. Empiezo a transmitir las palabras de la máquina, a decir lo que ella dijo y a hacer lo que me sugirió.

Entonces, ¿de quién es ese material? ¿Es mío o de la inteligencia artificial? ¿Es la IA la herramienta que estoy usando, o soy yo la herramienta de la inteligencia artificial, dejando que un algoritmo hable a través de mí?

Este es un riesgo muy grande que corremos los maestros. Sé que muchos me dirán: “Pero Fernando, hay maestros a los que siempre les ha gustado usar el material de otros”. Seamos sinceros: maestros hay de todo tipo. Todos pasamos por esa etapa de aprendizaje donde consultamos con alguien, vamos a su clase y vemos cómo presenta un tema (ya sean pasados, condicionales o intensificadores) y usamos su material para enseñar.

Hay muchos maestros que no preparan nada, les gusta usar el trabajo ajeno y, para colmo, lo quieren gratis. Están usando palabras de otros y ya no enseñan ellos. Esos profesores que nunca preparan material propio y solo copian lo hecho por los demás siempre han existido, mucho antes de la inteligencia artificial y de las presentaciones digitales.

Por los que yo me preocupo es por los creativos: los que de verdad diseñan, los que tienen la iniciativa de hacer algo nuevo y ponerle su marca personal, ese detalle de elegir un color o colocar una animación para imprimirle su propio espíritu. Me preocupa que ellos caigan en el conformismo de decir: “La IA ya lo hace, yo ya no pienso”.

Piénsalo: no estás dejando que piense por ti; estás empezando a repetir lo que la máquina te dijo. Te conviertes en su instrumento en vez de que ella sea el tuyo. Ese es el peligro más grande: que quienes tenían una gran inventiva se vuelvan conformistas y dejen de crear.

En el fondo, si dejamos de pensar, dejamos de ser nosotros mismos y pasamos a ser herramientas de un programa o de un algoritmo diseñado por otra persona.

¿Vamos a caer en ese conformismo y ser la herramienta de una inteligencia artificial, o vamos a utilizarla a ella como nuestra herramienta?

No digo que la inteligencia artificial sea mala; seamos conscientes de que es un recurso excelente que debemos aprovechar en nuestras clases. Pero sigue siendo eso: una herramienta. No te conviertas tú en la herramienta. Sé tú el alfarero, el mecánico, el maestro.

Recuerda esto.
Yo soy Fernando.

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